
Etiquetas: Manolo Madrid, Recital Casa de José Zorrilla
Etiquetas: Manolo Madrid, Recital Casa de José Zorrilla
Se murió la niña
¡Ay, qué se me murió la niña!,
esta noche rumorosa
con la luna muy alzada,
caminito ya del día,
con las estrellas por techo
y las ramas de la acacia,
presentí estremecida
que sus ojitos, ¡luceros!,
a mi cara no miraban,
que su cuerpo delgadito
poco a poco se enfriaba
y su boquita reseca
de mi pecho no chupaba.
¡Ay, qué se me murió la niña!,
esta noche tan malvada,
tan cerca del río seco
donde el agua ya no pasa,
igual ocurre en mis senos
que ya no tienen nada,
donde ella, ¡pobrecita!,
con sus manos se agarraba,
¡tira niña, tira!,
¡estrella de mi alma!,
tira de mi pecho muerto,
mentira que mi boca
intentaba regalarla.
¡Ay, qué se me murió la niña!,
en esta noche estrellada,
cuando la luna redonda
asustada me decía,
¿qué le ocurre a tu pequeña
que ya no pide nada,
que sus ojos ya no brillan
ni sus manitas te agarran?,
será que ya no quería
de tan harta como estaba,
que chupando van tres noches
y llorando van tres días,
sin haber comido nada.
¡Ay, qué se me murió la niña!,
antes de nacer la mañana,
antes de que tantas mesas
de golosinas se colmaran,
leche blanca, pan de trigo,
mantequilla y miel de flores
que no probaron sus labios
desde que a este mundo
cruel, de razas y de temores,
la enviaran como castigo,
para vivir un segundo
en este planeta de ricos
donde no falta de nada.
¡Ay, qué se me murió la niña!,
sin poder hacerle nada,
un puñadito de huesos
y piel muy arrugada,
sus ojos me lo decían
sus ojos me lo avisaban,
¡mamacita, no me dejes
que ya no veo tu cara!
pero en la choza no tengo
pan nuestro de cada día
ni grano que lo amasara,
qué quieres negrita mía
si ya estamos olvidadas.
¡Ay, qué se me murió la niña!
y ahora tengo que enterrarla,
¿lo haré en el fondo del río
ahora que ya no tiene agua?
¡hazlo bajo la encina
y que se convierta en savia!,
así podrás ver que vive
cuando allá en la primavera
broten las flores blancas,
tan blancas como la leche
que nadie quiso darla,
eso me dijo la luna
mientras cantaba una nana.
Etiquetas: africa, dijo la Luna, encina, etnias, flores blancas, hambre, Manolo Madrid, niña, poesía, río seco, se murió la niña
Iniciar de nuevo el sendero,
mirar otra vez el viejo día
sin olvidar el aire de siempre,
queriendo apartar su aroma
conociendo que a la espalda
llevaremos pegado el peso
de los errores y las culpas
que brotaron de la simiente
que arrojamos en el lindero
y que, serán los pasos añejos
los que repetirán la historia
en el sorprendido universo
de ojos que antaño nos vieron
pintados de los colores viejos;
abandonar todo equipaje
en la consigna de una vida,
valijas llenas de ilusiones
y aquel baúl de vieja madera
donde archivar las decepciones,
estorbos para un largo viaje,
extraños orificios del alma,
desgarrones de tu inocencia
enganchados en alguna arista
que no deseas llevar de herencia,
trizas que sacudes de encima
para abrillantar la coraza
hecha de añeja experiencia
que te protege mientras exista;
mañanas, que se avivan blancas
hojas sin redactar de un libro,
que no tiene un final previsto,
con empeño de arar los surcos
que ha preparado el destino;
mientras, pupilas asombradas
observas un trayecto distinto:
horizontes de pardos tejados,
manos abiertas que te esperan
y te abren doradas cancelas,
puertas de ansiadas esperanzas
que ayer permanecían dormidas,
colores de otros cielos y mares
repletos de más expectativas.
Manolo Madrid (de "Háganse los mares")
Etiquetas: equipaje, Manolo Madrid, poesía, Renacer
Ojos de alfeizar, columpiados
entre maleza de mil ventanas,
bermejos geranios disfrazados,
insumisos, traviesos y tercos
pensamientos nacidos con alas
por reflexionar de tanta gente,
pasos derramados en el suelo
sin que pierdan ninguna mirada
sobre huellas que se repitieron
o escudriñen lejanas cornisas
donde reposan aves cansadas
después de alargado vuelo.
Y colgando de enredaderas
maraña de tolondras ideas,
apenas envidias soterradas
de aquellos epicúreos sueños
que atrajeron a mi cabeza
los encadenados revoloteos
de las columbinas repintadas
por los reflejos y resplandores
de soleadas mañanas nuevas,
deseos locos que aparecen
empujando tardíos silencios
a seguir avecillas que pasan.
Manolo Madrid (de "Háganse los mares")
Etiquetas: Alfeizar, Manolo Madrid, miradas ocultas, ojos
Manolo Madrid (de mi poemario "Háganse los mares")
Etiquetas: Carta de amor, Manolo Madrid, poema de amor
Y son esas historias que te vencen al filo de coger el sueño, algo que surge de la oscuridad, como un susto que salta desde una mata del borde del sendero y se apodera de tu pensamiento haciéndote elucubrar...
Cuantos años
Etiquetas: Cuántos años, las vidas, Manolo Madrid, poesía
Etiquetas: 21 de mayo, Ars bene modulandi, Cajamar, depresión, me cago en la leche puta, Música cervantina y sefardi, poesía
De la ciudad
Dejelos ir: tiempo, ojos, pensamientos;
entre motores y tráfico de ciudad,
jadeos vivos de estructuras que laten
consecuentes con su rectilínea identidad,
que no se dejan abatir de ninguna noche,
en cualquier esquina, emancipada de sol,
un oasis libre de clandestino reproche,
una isla sembrada de ubicuas sillas
en las que incrustar cimientos y estados,
poemas para contar personas y gorriones,
peatones y palomas, habitantes de aceras
y paseos cuadriculados e intrascendentes
buscando la sombra, o la vida, o qué,
quizá, una burbuja de soledad entre gentes
donde humedecer los labios con el frío
tintinear de témpanos, cúbicos e inocentes,
flotando en un tímido mar constreñido
entre paredes lisas y curvas de cristal,
llevados por una mano temblorosa de sed
y olvidar el río de penurias para agostarse
bajo alguna sombrilla torneada y amiga,
palmera con hojas de reclamo y publicidad,
con que esquivar la vida que te aploma;
después, asediado por el humo y los aromas,
dejé venirme una sonrisa hasta la boca.
Manolo Madrid (de mi poemario "Semillas de aire")
Etiquetas: ciudada de Zamora, de Zamora, La ciudad, Manolo Madrid, poema de ciudad
Miraba la tarde (Frutas de invierno)
la más centrada de Zamora y devota de San Juan,
una atalaya ganada para abrazar la anochecida
cualquier redonda mesilla donde sentar mi coraza;
como si fuese la torrecilla de un altanero guardián,
dejando brisar aromas, dejando discurrir la vida
que se diluye entre la gente de paso tan elegante,
llevando la libertad prendida a vuelo de las sonrisas
que parecen desde el cielo que se llevasen colgadas
gastándola con premura entre veladas charlas,
derrochándola sin temor de que sea malgastada;
miraba como se mira cuando no se teme a nada
dejando saltar mis ojos en los alares de las casas
jugando entre mis manos poemas que no me cansan.
atardecieron ocho campanas, informando el carillón
que desgranó por las piedras su cadencia reiterada
asustando a las urracas que respondieron enojadas
haciendo orfeón con ellas las cigüeñas de cada día;
miraba comparecer la noche entre perfumes del río,
un Duero tras las murallas, un amante que suspira
aromas de tantas tardes, alientos de tantas noches
que me llenan de misterios durante todo el estío;
después, miré a los tejados teñidos de luz dorada,
el beso que deja el Sol cada vez que ya se marcha,
elogiando los murmullos y las rimas de los poetas
que se quedan sosegados en las pobladas terrazas.Etiquetas: Duero, plaza de San Juán, Poemas de Zamora, Zamora
Etiquetas: Madrid, poema de Madrid, Rastro de Madrid