martes, 3 de agosto de 2010

Espérame en la eternidad

La fuerza del amor te hace cometer locuras y entonces, cuando nadie te mira, en la mitad de tu noche, robas un rayo de luna para volar en el espacio y buscar a tu amada.
Espérame en la eternidad

Subido en la cima del aire,

disfrazado de horizonte

tras una esquina del Sol,

la esperaba enamorado,

de mi pudor indiferente,

con ajuar de terciopelo

desde el filo de mi mente

al brillante confín del cielo,

dosel de luceros labrado

y luz de Luna enjaezado.

Tras suspiros de mil años,

subido en un hilo de plata

que robé con osadía,

recorrí desesperado

mirando hierba por hierba

el lindero de una pampa,

besando cada guijarro,

por indagar si aquel día

quizá se hubiese pegado,

el aroma de su estampa.

Aún pregunté, ilusionado,

al cruzar la Osa Mayor,

por la emperatriz de mi amor,

respuesta que siete hermanas

me dieron con un enigma:

“Diadema de olorosas flores

en un cometa viaja escondida,

de su fulgor paradigma,

hasta derramar distraída

por su extremo resplandores”.

Espera, Mizar, doble estrella,

imploré muerto de celos

señalándole los luceros

que palpitantes nos miran,

que yo te daré un regalo

para que tu pelo brille

mientras se agotan los años

que me quedan de la vida,

si consigues que ella vuelva

y en mi corazón sea rendida.

Manolo Madrid

De mi poemario 'Preguntando el camino'

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martes, 27 de abril de 2010

Otra carta de amor

Tantas se escriben y tantas se escribirán, pero ¿a tu propio corazón?

Otra carta de amor

A mi corazón errante

en el país del desamor,

mientras arde la zarza

con el fuego de mayo,

olvidos llenos de ardor

presos en caja de olivo

y aromas de primavera

que hieren mis sentidos

sin que lo quisiera yo;

a mi corazón dormido

a la vera de la vida

dejando ir el camino

alumbrado por el rayo,

lluvia para hacer barro

y se lo lleve el río,

pecado de no quererte,

olivas que se cayeron

al borde de un prado mío;

a mi corazón rebelde

que permanece huido

en crepúsculos de sueño,

alboradas de sopor

en olivares espesos

y rebelión de celos,

para evitar más duelos,

envío cartas de amor

sin decirle señor don.

Manolo Madrid (de mi poemario "Háganse los mares")

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