viernes, 5 de julio de 2013

Dejad mi alma

A veces te dejas llevar en algún momento mago y piensas en esos poemas, los hijos de tus emociones, y crees que serán el recuerdo que dejes para que otros puedan sentir tu propio momento y compartir, tal vez recordar que fuiste un pequeño emisario de alguna musa que te empujó y te dio fuerza para interpretar la vida y el mundo enloquecido. Puede que algún eón futuro otra sociedad encuentre tus versos perdidios entre la radiación del cosmos.



Dejad mi alma
Dejad que entierre mi alma
entre los restos tardíos,
mirad, que cubran la tierra
esos pensamientos, ¡versos!,
que aún ayer fueron míos;
niebla en praderas de seda,
de vida alargado río
feraz entre vegas, ¡ojos!,
admirad bosques umbríos,
divisad de última vez
nieblas, rocíos…, palabras
de aquel alma estremecida,
de cadencias que enfatizan
la claridad de los días;
espigas entre las glebas
bajo las alas que vuelan,
que prefieren la simiente
de germinados poemas;
versos abiertos al mundo
como granitos de arena,
como llanto de las flores
escondido entre rocío…,
pintad historias tan rancias
con pétalos de colores…,
cambiad tantos sinsabores
por la musa del poeta,
colmando su corazón
con estrofas y canciones
para abundar sus oídos. Del poemario “Desde mi amura”
Manolo Madrid

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domingo, 19 de mayo de 2013

Una profecía nos amenaza con calamidades y terribles desgracias y una tras otra las siete trompetas preconizan tribulaciones e infortunios. ¿Será cierto que alguien pueda vaticinar tal cumulo de desventuras? O puede que la vida continúe hasta el infinito, una eternidad en que la especie humana sea capaz de convivir y repoblar el cosmos.

Siete trompetas
Sonó y retronó la primera
para que granizase fuego,
que más allá fue la segunda
quien tiñó de sangre el océano.


Y como la estrella de Ajenjo,
el veneno inundó las tardes
tras una tercera trompeta,
amargando todos los mares
emponzoñando aún los ríos,
llevándose mis pensamientos
por intrincados vericuetos
y por caminos retorcidos
que no siempre se hicieron míos.

Enturbiaron también recuerdos
con sombras de luceros negros
que por los prados y en los cerros
primero se hubieren caído;
en espera del nuevo aviso,
fuerte bramido que vibrase
de metales un gran tañido.

Y con alargado gemido
que preconiza oscuridades
que desde otro tercio han venido,
parte del cielo y del sol parte
y de luceros que dan brillo,
tan sólo dos de cada tres
sobrevivirán en la mente
como punteros de berilo,
hasta que un diferente arcángel
hiciera resonar la quinta.

Y después rompieron cadenas
los cuatro verdugos alados
para rellenar de tristeza
tantas noches que nos mandaron,
y también las mañanas tersas
que desde riberas mojadas
levantaban auras de vida
cuando vistieron los vergeles
con humedales de frescor
y de rocío mil manteles.

Entonces, se hizo todo fuego
y ejércitos de ciega ira
nos allanaron las montañas
y nos abrumaron los valles
con los tamboriles de guerra
que golpearon con las alas,
llevando a todo el universo
el estruendo más incesante
con enloquecidos timbales.

Y otros dos cientos de millones
fueron de caballos ungidos,
que rugieron entre sus bocas
como los leones salvajes,
derrumbando las fortalezas,
arrasando todo el planeta
hasta el fondo de los parajes.

Manolo Madrid
Del poemario “Está rompiendo el alba”

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De repente algo se avalanza desde la oscuridad y te posee. Quizá ya te ha ocurrido otras veces y lo temes, no sabes como escapar, eres impotente y las fuerzas te abandonan mientras los recuerdos crueles vuelan entre tus ideas perturbándote, acosándote y crees que te hundes en el abismo y crees que llegas a la cima más alta, y subes y bajas sin que puedas controlar nada de lo que te ocurre, sin que puedas vislumbrar el final.


Tensiones bipolares

Han llegado ya los cuervos
desde aquel planeta infierno.
Y van buscando mis ojos
como buitres carniceros;
las horas de la desidia
planeando sobre el cielo
y los sismos de mis manos
vislumbrados desde lejos
para impedirme tocar
y acariciar con mis dedos.
Como en escobas de arpías,
subidos en los recuerdos,
han regresado los crueles
para completar las horas
con gemidos y graznidos
y sonidos que me acechan
angustiosos, depresivos,
en círculos que se estrechan,
sin que dejen de indagar
intuitivos, repudiados,
intrusos y entrometidos,
causando brillos radiantes
y risas que se quebrantan
tratando con plañideras
que sus vestiduras rasgan,
desde agudas cordilleras,
con ornamentos de nieve
en los empinados picos,
tirando brazas de ira
para que trepen las zarzas
de indolentes apatías,
desde insondables barrancos
donde no existen salidas
ni aparecen nuevos días.



Manolo Madrid
Del poemario “Está rompiendo el alba”

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lunes, 13 de mayo de 2013

Adivina, adivinanza


Cuando el mago miró enfadado hacia sus viñas y vio que aún no habían dado uvas, sacudió su varita mágica en el aire tratando de hacerlas nacer y madurar con sus sortilegios, hasta que recordó que las uvas necesitaban tiempo, más que otra cosa.
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Adivina, adivinanza
Adivina, adivinanza,
murmuraba el viejo mago,
sentado con parsimonia
en el atrio de su casa,
bajo una parra verdosa
que las uvas no le daba.

¿Qué será lo que le falta
a tantas viñas plantadas
que mis cábalas desdeñan
para que el fruto aparezca
y que sus dulces sabores
llenen las cubas mañana?

Luego, se pasaba un rato,
sus ojos casi cerrados
y la solana en la tarde
tan inmediato rozando,
que del borde de su sayo
le caía casi a un lado,
entonces, sus despuntados
le asomaban a los labios
para trillar su rosario:

¿Qué será lo que no tienen
esas cepas tan tupidas,
que a pesar de mis conjuros
no me prodigan los granos
para calmar tanta sed
que el calor ha provocado?

Y de nuevo las cortinas
en sus párpados caían,
mitigando los reflejos
que la abrasadora tarde
ha venteado el verano,
desde el campanario agudo
hasta pardos olivares
de los campos más cercanos.

¿Qué faltaría en las ramas
de esa frondosa espesura
que a pesar de mis hechizos
la renta del año oculta
y con insistencia extraña
mi apetito no mesura?

Aunque, por más que su vara
en el bochorno esgrimía,
como si espada de guerra
al enemigo mostrase,
aquella tarde de junio
provocó un lance perdido,
que al adivino enfadado
en silencio le escapaba,
indomeñable y más fuerte,
tan escurridizo y terco,
guiando al de la cana barba
a medrar muy sigiloso
cuando en un momento sabio
le viniere a la memoria
que lo que a él le rebosaba,
a las viñas de su campo
todavía no llegaba,
recordó, con esa misma,
que ni el abono y el agua,
ni con varita de mago,
el tiempo no se compraba.

Manolo Madrid
Del poemario “Palabras, sólo palabras

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domingo, 12 de mayo de 2013

En recuerdo de Agustín,
otra tarde en que su recuerdo clamó desde algún cielo lluvioso.
Porque no es posible olvidarse de aquellos que tienen ese don y son capaces de transformar cualquier cosa de la realidad en algo lleno de fantasía y rima poética, otra tarde me dejé ir bajo una lluvia chispeante a visitar al maestro en su lugar de reposo.

Quién no fue…
Quién no fue a ver un poeta
entre silencios que increpan
y ciparisos cantores,
entre vientos que acarician
y pensamientos que vuelan;

quién no quiso a media tarde
esquivar fosas abiertas
para no indagar temores
y encontrar las osamentas;

quién izó la vista al aire
para ver correr las nubes
que lloraban primaveras
pintando charcos de lluvia
en los largos corredores
mientras pájaros de barro
entre las flores se esconden.

Manolo Madrid
Del poemario “Poemas y susurros”

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lunes, 22 de abril de 2013

Un hado terrible golpea y le rompe la vida a un amigo querido. Entonces, tú, te quedas en blanco, sin saber que hacer ni que decir, impotente por que desearías poder cambiar las cosas y tener un poder que devolviese todo a su estado anterior, y desearías poder sustituir lo que no puede ser. Y sólo se te ocurre un poema donde apenas eres capaz de reflejar tus sentimientos, pero aún así te esfuerzas y lo escribes, aunque sabes que no será ningún bálsamo para quien sufre un dolor tan intenso. Os quiero Rosa y Miguel.


EL TAÑIDO

¡Cómo lastimaba el aire
del tañido mis oídos!

Cómo hería mis sentidos
mientras mi sombra avanzaba
y el polvo hendía el camino
entre pasos agotados
golpeados del destino;
alcé los ojos al cielo
y pude ver los cipreses
destacando su estatura
esquinando un regadío,

¡qué lindos los amarillos
que dan pinceles de brillo
a los trigos verdecidos!

Llegamos al camposanto
entre sollozos, gemidos,

y vuelvo otra vez los ojos
repasando el cielo tenue,

tres dedos el sol se alza
dejando rasgado el cielo
entre los jirones blancos
que nos trae el vientecillo,

cómo vuelan los vencejos
cómo balan los balidos,

¡qué apagados los murmullos
que hacen eco dolorido!

Y los dolientes caminan
con el gesto entristecido,

y los zapatos se arrastran
mientras vuelan las miradas
contando los encinares
que pueblan de paisanaje
l
os prados y los rodillos
en tierras de labrantío
y, lejos, algo más verde
cimbrea de cinta el río,

y cómo retiembla el aire
desde el campanario altivo.

Levanto la vista al cielo
que brilla con aquel ruido,

ya llega la cuesta arriba
ya llega la puerta herida
con tanto almagre de vida,

vuelvo la mirada al valle
para esquivar un gemido,

ahora avanza el cortejo,
ahora callan los grillos,
remiro otra vez los pinos
y el vuelo de la cigüeña,

trae ramas en su pico,
y para no ver el duelo
persigo hasta las campanas
el vuelo que lleva al nido
mientras se rompe el silencio
con lloros y más suspiros,

otra vez llega el sonido
de tañer metal, tañido
que quebranta el aire, aire,

heraldo que me has herido,
cómo me duelen tus gritos.


 Manolo Madrid
Del poemario “Poemas y susurros”

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domingo, 19 de febrero de 2012

Ya me pusieron los grilletes





Cuando la voz del poeta quiere mostrar y censurar a los gobiernos que aprietan y subyugan al pueblo, o a los dirigentes, políticos y empresarios que se apoderan de los derechos de los demás, las presiones y la ira se vuelven en su contra y es así como se hace callar la voz que antes se levantaba clara y precisa para que los oídos atentos sepan y conozcan la verdad.






Ya me pusieron los grilletes


Ya me pusieron grilletes y cierres en las cadenas,
en los brazos y en las manos, abrochados los candados
con muchos cientos de vueltas que sujetaban mis penas,
tormentos inesperados para apresar condenados
los versos de mis rimas y las rimas de mis poemas;
ya me prendieron los labios con hebras de fina seda
donde se tiñen de rojo los verbos que me secuestran.

Ya me quemaron los ojos para impedir que mirasen
la sangre de las mentiras que a tantas almas ajenas
los potentados regalan, como reliquias preciosas
y tapar con nubes negras las caras de los que duelen
buscando llanuras verdes y de justicia pamemas;
ya inundaron mis oídos con los aullidos de fieras
para ocultar los gemidos y los cantos de sirena.

Ya me clavaron las piernas en muñones de madera
por sujetar mis paseos en busca de quienes penan
y ahogar mis sentimientos en movedizas arenas
sin que allegarme pudiera, por consolar con mis besos,
a los que nada tuviesen y a los que nunca nacieron,
sin que el aura de las rimas que las pasiones enreda
diese en traer primaveras que sus almas florecieran.




Del poemario “Frutas de invierno”
Manolo Madrid

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martes, 14 de febrero de 2012

Música en el río



Y bucólica es la idea de pasear por la vega del río en la noche, bajo la luz de la luna, haciendo sonar la flauta mientras pájaros y rumores te acompañan. Luego regresas a tu escritorio desde tu fantasía, esa que te mantuvo soñando hasta que tus dedos rebosaron la memoria del teclado y te traen a la realidad con su pitido desaforado.



Alegorías Plásticas
(Poema nº128)


Sopla, sopla y sopla aún más,
deja que suene la danza,
esa que declara fluida
para alegrar la mañana
y aparece dulcemente
desde el estrecho orificio
de la punta de la flauta,
una que hiciste del brote
que surgía de una caña,
aquella que tú cogiste
cuando descendiste al río
para verlo en madrugada;
sopla y sopla, sopla aún más,
para que vengan las aves
y con trinos y silbidos
te efectúen la compaña,
un orfeón en la vega
que navegue por el cauce
hasta el océano grande
donde el Duero tira el agua.


Manolo Madrid
Del poemario “Alegorías plásticas”

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Navío de Satán



Y tampoco es una idea novedosa. La imaginación ha traído a tantos escritores esa imagen de un navío tripulado por Satanás y se han hecho tantas obras literarias y cine con ese tema como argumento o hilo conductor que yo no me he podido sustraer al poema que en algún momento me ha dejado saborear esa inspiración traída de algún universo remoto de mi memoria.
Alegorías Plásticas
(Poema nº124)


Agitado iba en el viento,
brincando sobre las olas
cual si caballero fuese
quien galopara con prisa
por montañosos terrenos
izado entre cien corceles;
¡pregúntale al timonel!,
pidieron a las gaviotas
todos los peces del agua,
para saber quien gobierna
la nave de tantas velas
que casi rompe las jarcias;
mas sólo Satán responde
desde el castillo de popa,
riéndose mientras se traba
con las zarpas a la rueda
y deja que el aire lleve,
entre bufidos de azufre,
su carcajada más loca.




Manolo Madrid



Del poemario “Alegorías plásticas”

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viernes, 20 de enero de 2012

¡Ea, mi niña, ea!

No es la primera vez que me surje un poema traído por la influencia de esos pequeños que tuvieron la desdicha de nacer entre edredones de pobreza y como en mi poema "Se murió la niña" en mi poemario "Palabras, sólo palabras", he de hacer un gran esfuerzo a la hora de recitarlos para no permitir que el sentimiento más fuerte interrumpa la serenidad de mi voz.



¡Ea, mi niña, ea!



¡Ea, mi niña, ea! Querubines mueven las nubes
para sembrar el aire con algodón, de palabras
que nacieron esta noche, cuando cantó Selene
los versos de un poeta que jugaba con el arpa,
para romper silencios y dormir la madrugada.

¡Ea, mi niña, ea! Llegaba de miel el susurro
desde tupida acacia, ojos brillando oscuros
mirando nacer el río en que la Luna se baña,
viendo llover poemas desde estrellas salpicadas,
arrullando entre versos el hambre que le lloraba.

¡Ea, mi niña, ea! Hierba nueva de primavera,
bamboleada con el aliento de aquellas nanas
tarareadas desde estos brazos que te acompasan,
recitadas entre besos que mis ojos enviaban
acunando en mis senos el dolor que no cesaba.

¡Ea, mi niña, ea! Vuelan hebras de fina seda,
trenzada en los senderos que por la vida te llevan
relumbrando la mañana cuando el rocío riega,
reluciendo la solana que pronto la reseca
durmiendo en sus pestañas el anhelo de un poema.

¡Ea, mi niña, ea! Rodaron frutas de las ramas
para regar semillas en la exuberante tierra,
en almas y corazones donde injertar palabras
y germinar historias con niñas de madrugada
durmiendo en el silencio sus sonrisas apagadas.




Manolo Madrid
Del poemario “Semillas de aire”

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jueves, 19 de enero de 2012

Mi reino perdido

Los sueños son los que te llevan a esos viajes astrales, a visitar esos nuevos reinos donde el verbo queda subyugado, a veces mermada su capacidad de expresión por lo impresionante de aquello que sólo existe en tu fantasía y que se descuelga en la ventana de tu pensamiento sin que sepas de donde procedió la idea. Quizá algo permanece en nuestro más íntimo átomo que ha permanecido siempre con nosotros, sin que haya nada que nos explique el porqué.


Mi reino perdido


Desde apartado rincón de mi reino,
universo de extrañas fantasías,
cabalgando sobre corcel de vientos
cercó en aire su blonda cabellera
para brillar en mis oscuras noches
y dibujar las nubes de mis días
la dulce musa que descendió enviada
por alguna ventura del Olimpo,
indagando mi incierta madriguera,
escudriñando entre dorados trigos
y en luengos labrantíos de paciencia,
donde escondí, en pretérito de ayer,
mi soledad labrada sin reproches
tras dejarla beber en ancho río
de sueños recitados sin destino
.


Manolo Madrid


Del poemario “Semillas de aire”

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lunes, 2 de enero de 2012

Mi noche



Quizá no tenga otras compensaciones, pero es posible que una sola noche de verano con la hierba sirviendo de cama y el cielo de cobertor, puedan conseguir que las lágrimas de aquel mendigo nazcan y resbalen por sus ropas ajadas mientras el concierto del universo empapa sus oídos para hacerle olvidar su desgracia.



Mi noche



Cerré de noche mis ojos,
aún mis penas y luego...,
luego escuchaba las notas,
campanadas en el aire,
y aquellos trinos del viento,
resonándome tan cerca,
naciéndome de tan lejos,
palpitándome el sonido,
latiendo y luego latiendo...
Latiéndome aquel latido
como espadañas del río
cantándome otro concierto,
violines de hojas y sombras
en mi huerto tan escondidos,
trompetas de agua y espuma
fueron moviendo el molino,
chicharras hablando, riendo
rimando con aquel ruido.
Y sobre el roble subidos,
ojos de parda abubilla
llevando entre sus rechinos
otro contrapunto amigo,
subrayando los silencios
que se ciernen tan pesados
llenando la noche parca,
de lujos para un mendigo.




Manolo Madrid


Del poemario “Preguntando el camino”

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Plegaria

Son duras ocasiones que te persiguen contumaces, donde tu horizonte se impregna de niebla y crees que ya nada sucederá, que ninguna ilusión llegará desde ningún universo y la ira y el dolor se mezclan para conseguir que desees el dolor antes que el limbo de la inconsciencia y clamas por los idus de la guerra y los carros de la sangre y prefieres que los clarines bramen en el valle para no tener que recoger la cosecha de la mies del olvido.


Plegaria

Efluvios de mística tristeza,
dejad que el brujo abra su canto
y vierta la danza de ritual
que aleje el bálsamo del olvido,
¡qué dé comienzo el Aquelarre!,
y no cicatricen las heridas,
pues, será mi empeño sentir
ardiente gestar la furia y rabia
a que la íntima noche, mengüe
la tersa luz, que de tempestad
inunda de tanta vida el valle.

Que indefectiblemente de muerte
resuenen afligidos los timbales
y que me deshagan los oídos,
pues todavía es peor el silencio
o aquel cuchicheo lastimero
o la ausencia omnipresente;
que quiero escuchar el fragor
de ciclópeas olas sin final,
desde aquel traicionero mar
con denso bramido impaciente
y plúmbeo movimiento vital.

Cededme la Vida o la Parca,
dejad mejor que sufra sin tregua,
porque la sola idea me espanta
de recitar ido y sin descanso,
ese escudriñar impaciente
o escuchar el nimio latido
de tanta azucena silvestre,
o languidecer entre los valles
y así olvidar cada noche,
para pernoctar de cada día
ese perdurar inconsciente.

Fulgor, aleteo, albo resplandor,
blanco ritmo en pájaro sutil,
sube tu octava, para allí,
en tu cenit, posar la mirada
allende tuerce el mar fulgente
y después, con turgente vuelo,
en verdinegro valle posarte
donde el granito opaco y mudo
estoico guarda francos parajes,
feudos de pétrea multitud,
desprecio de Neptúnica cólera.

¡Oh Limbo, aléjate de mí!
que elegiré siempre un Cielo
o aquel Infierno calcinador.
¡Dejad que los dioses eternales
nos envíen a Marte y Zeus!,
que de su batalla, el fragor
hienda feroz mi noble sentido
y aterrorice mi frágil mente,
que el fuego arda y me queme,
y que me aplaste y desgarre
áspero epílogo de agonía.

Que prefiero ver manar mi sangre
y que desborde como un río
envuelta en barro y heroísmo,
sentir de la verde su tañido,
pero conocer todo el tiempo,
sin que la memoria lo olvide
acuciada de oscuras grietas,
perseguida por duros puñales
que te mutilan y te desgarran,
que te escriben sobre la carne
ese dormitar irreverente.

¡Oh, Dolor!, de nuevo te invoco
en mi azabache sacrificio
donde te clamo y te maldigo,
pero envíame con premura
aquella horda de sombras negras,
henchidas de mortecinos cirios,
y que palpiten sus cantinelas
en el más aterrador crescendo,
hasta que mis tímpanos, atentos,
del agudo gemido se quiebren,
y de llanto se cieguen mis ojos.

¡Larvas del inquietante Averno!
desgarrad el incierto encanto,
trocad los delicados jazmines
en sulfúreas fragancias densas,
transformad en amargo acíbar
el licor del medroso olvido,
brotad el fuego de vuestras zarpas
y herid el silente camino
por donde atraviesan los años,
por donde discurrían las huellas
de escondidos latidos ruines.

¡Venid, escaramuzas y guerras,
y que la vida nazca ardiente!,
obligad a que el cruel Destino
el sendero de la vida quiebre,
para que sature de espinas
pasos que nos llevarán taimados,
sin saber, hipócritas, dormidos,
en demanda de la muerte fría;
¡haced que duela y atormente
el placer del impostor olvido
que ofrece el vino cada día!



Manolo Madrid ®
Del poemario “Palabras, sólo palabras”

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viernes, 9 de diciembre de 2011

Del corazón doliente

Tantas cosas se esconden en el desván de tu cabeza, que a veces cuesta buscar entre polvaredas, telarañas y cajas cerradas el porqué de esos sentimientos de dolor que atenazan tu corazón. Y te pasas horas y días subiendo las escaleras de tu mente en busca de algo que te deje saber y te permita ahogar algún fantasma que interrumpe tu sueño y adhiere tus pasos que se hacen pesados y viejos.



Del corazón doliente


De tu corazón doliente escaparon mil suspiros,
agua entre las breñas y bruma entre los trigos
luminarias que retozan de noche en los pasillos,
oteando en las ventanas: ¡Se mueven los visillos!;
pájaros perdidos persiguiendo en los cristales
el refulgente semblante de la musa que deambula,
aflorado firmamento de empalidecido brillo,
diosa que se esconde y te sonríe entre zafiros.

Y escalones más arriba, esquivando los peldaños
de revirada madera que se queja con crujidos,
en el desván de tus desvelos disfrazando los años
con tus dedos indiscretos rebuscas entre cajones
y olfateas los pañuelos de naftalina mordidos,
y aún despejaste puertas ojeando los escondrijos
destapando horizontes que adornaban paredes
y cuadros de bodegones, pintores desconocidos.

Allí encontraste murmullos del corazón mellizo,
retozos del escondite que maltrató los amores
que tus ojos y tus labios hubieron antes rendido
y dejaste expirar las horas de sofocados besos
y de manos vehementes en reinos desconocidos,
ternuras amorosas que descubrieron paraísos
que turbaron las miradas que agitadas brotaron
hasta rendir tus brazos y abandonar el sentido.


Manolo Madrid ®
Del poemario “Desde mi amura”

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jueves, 8 de diciembre de 2011

Malos tiempos

Quizá te haya llegado al alma, como a mí, alguna tarde del enero zamorano, con la calle de Santa Clara bullendo de gente, con prisas para comprar "navidades", para adquirir felicidad efímera, lloviznando, con viento cierzo y el trémolo del violín acercándose mientras yo me aproximo a las tiendas de luminarias más brillantes y más costosas. Pero mis ojos ya no miran escaparates y se quedan embebidos de la imagen temblorosa que mueve el arco de un viejo instrumento. El arpegio brotando como algo mágico, etéreo, naciendo de las baldosas brillantes del suelo empapado y volando con el viento helador que esquiva los cuellos de piel, los abrigos de buen paño, los guantes de lana, las gabardinas y los paraguas, pero implacable con la figura inmóvil, con el platillo de chapa colocado a sus pies... esperando la moneda que hará de trueque por una menguada cena y un jergón sin ventisca...



Malos tiempos


Malos tiempos…,
nos cantaba el violín,
con su tremolada voz
rebotando en fachadas
y corriendo en la calle,
persiguiendo a la gente,
detallando el lamento
de violinista sin suerte,
pregonando en el cierzo
del otoño inclemente,
alargando en la tarde
entre sus manos el frío
sin conseguir guarecerse
para expandir las notas
desde las cuerdas inertes,
por tremolar los arpegios
de un barniz deslucido,
con partitura inventada
de miseria y olvido.

Y en la esquina más dura
donde suspira más aire,
donde reflejos radiantes
de escaparates más ricos
embelesaban más gente,
late el bohemio de arte
tirita el genio de frío,
con su chaqueta raída
descubriendo aquel paño
que desfigura los parches,
disimulando las veces
que la prenda fue nueva,
abrigando al mendigo,
desfigurando los años
que sin olvido se pegan
a numerosas dobleces
de pantalones traídos,
de huaraches con suela
de agujeros henchidos.

Pero ninguno detiene
tan efímero camino,
sólo las luces y el brillo
de enorme abundancia,
de ofrecida fortuna,
engatusaron los ojos
de aquellos que discurren
tan felices de su vida,
sin descubrir la mirada
que ilustrada de hambre
entre armonías transita,
que se alegra sumisa
si la limosna modula
el torneado murmullo
al descender al platillo,
el que ayudará a la cena
del agradecido artista,
el de las notas que bullen,
y la chaqueta altruista.

Algo más tarde, la noche
se repinta en la rúa,
en los brillos de las plazas,
y los pájaros que anidan
al cobijo de las ramas,
y en un silencio que hiela
la muchedumbre se marcha
y se aquietan las luces.
Y el fulgor de las joyas
en los cristales se acaba,
ya no escucho las cuerdas
que poco antes trinaban,
sólo una sombra se encoge
en el portal de una casa,
¿quién será el que reza,
pero qué es lo que pasa?,
¿y no será que faltaron
en aquel plato monedas
para pagar una cama?

Manolo Madrid ®
Del poemario “Palabras, sólo palabras”

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El Tiempo





Pasamos por él, sin sentirlo, ignorándolo, como a un pobre que siempre está en la misma esquina, una esquina que doblamos segundo a segundo, impregnándonos de etéreas sensaciones, de experiencia y estragos, desgarros que no percibimos. Pero él, el tiempo, no nos perdona un nimio instante, nos envuelve y nos lleva a nuestro destino, sin fuerza, sin grandes aspavientos, amable y tozudo, sin que seamos conscientes de su fuerza, su blanda pero constante fuerza, su impresionante poder que nadie es capaz de vencer, a la que nadie se opone, porque el tiempo está ahí, lo es todo y no es nada pero permanece adherente, pegajoso, impávido ante la muerte.


El tiempo


¿Es acaso el tiempo bálsamo?


El simple tiempo, que media

monolítico e inmutable,
mayestático, personal,

a–direccional y de ojos

transparentes e ignorantes
de las miserias humanas,
ausente de brazos, pasos

inquebrantables, que nunca
disiparon algún hito
ni guardaron huella alguna.

El tiempo, que, todo lo ve

en su esencia, intrínseco,
para suavizar y cerrar

los recuerdos ingratos,
aviejar huellas del alma

y difuminar conciencias
tan turbias y soterradas,
unir el último soplo

trascendente, en que todo
perderá crédito y valor.

Tiempo, que confundirá

el final y el principio,
de ojos fríos y apáticos

hilvanados de senectud,
de mirar tan desgarrado

e ignorar tan absoluto,
con pupilas siempre nuevas

y un insondable brillar
que inundará tu mente
con un centelleo final.

Tiempo, por el cual, el Fin

existirá inadvertido
en su propio discurrir
y desprovisto de inercia
y fuerza para alcanzar
en el abismo del cosmos
la negación eterna
de la memoria exánime,
una realidad absurda,

simplista, sin contenido.


El tiempo, será entonces,

y existirá después

y se reiterará eterno,
de uso ambivalente

bilateral y pletórico,
vacío, curvo e indolente,

siempre tan desconcertante,

sin que mida ni relate,

sin que las sólidas cifras
le doten de algún sentido.


Manolo Madrid®
Del Poemario “Háganse los mares"



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