viernes, 9 de diciembre de 2011

Del corazón doliente

Tantas cosas se esconden en el desván de tu cabeza, que a veces cuesta buscar entre polvaredas, telarañas y cajas cerradas el porqué de esos sentimientos de dolor que atenazan tu corazón. Y te pasas horas y días subiendo las escaleras de tu mente en busca de algo que te deje saber y te permita ahogar algún fantasma que interrumpe tu sueño y adhiere tus pasos que se hacen pesados y viejos.



Del corazón doliente


De tu corazón doliente escaparon mil suspiros,
agua entre las breñas y bruma entre los trigos
luminarias que retozan de noche en los pasillos,
oteando en las ventanas: ¡Se mueven los visillos!;
pájaros perdidos persiguiendo en los cristales
el refulgente semblante de la musa que deambula,
aflorado firmamento de empalidecido brillo,
diosa que se esconde y te sonríe entre zafiros.

Y escalones más arriba, esquivando los peldaños
de revirada madera que se queja con crujidos,
en el desván de tus desvelos disfrazando los años
con tus dedos indiscretos rebuscas entre cajones
y olfateas los pañuelos de naftalina mordidos,
y aún despejaste puertas ojeando los escondrijos
destapando horizontes que adornaban paredes
y cuadros de bodegones, pintores desconocidos.

Allí encontraste murmullos del corazón mellizo,
retozos del escondite que maltrató los amores
que tus ojos y tus labios hubieron antes rendido
y dejaste expirar las horas de sofocados besos
y de manos vehementes en reinos desconocidos,
ternuras amorosas que descubrieron paraísos
que turbaron las miradas que agitadas brotaron
hasta rendir tus brazos y abandonar el sentido.


Manolo Madrid ®
Del poemario “Desde mi amura”

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martes, 4 de octubre de 2011

Cantos de guerra




Cantos de guerra




Quizá sea todo fruto de la imaginación, pero a veces las imágenes vuelan en el cielo de tus sueños y casi puedes sentirlas como algo real y crees que los vaticinios llegarán como llegan las nubes en los días de viento, aunque al despertar de madrugada sabes que todo fueron pesadillas que no deseas que nazcan con la mañana.








Cantos de guerra


Luego, vendrá la batalla,
escuché a los que gritaban,
que se llevará de la vida
entre espadas que se ciernen,
de una parte a los que caigan
y de otra los que quisieren;
así cantaba la trova
bajo el chaparro frondoso

que arropaba en el otero
a la amazona que se erguía
en un palafrén de verde
que con firmeza ceñía,
con voz que atronaba el aire,

con voz que llenaba el cielo

mientras los grajos y buitres
llegaban en largo vuelo,
acompañados sin tregua

por miles de cuervos negros
que volaban a ras del suelo,
contando con tristes tonos

a los muertos y los vivos,
entre quejas y entre gritos,

que con su sangre regaban

los trigos recién nacidos.
Aún, vendrán las manos,

que entre amores perdidos

mojarán los cuerpos yertos,
y las heridas abiertas

de los que fueron heridos,
dejando que nubes negras

lluevan sobre los campos
para borrar las huellas,
para enjuagar de sangre

los granos de las espigas
que antes fueron teñidos,
antes de que un testigo

llorando desde una loma
señale con mano inquieta,
el pan lleno de muerte

que ha salido enrojecido,
desde la muela vieja

que da vueltas y más vueltas
en el vientre del molino,
pidiendo morir de hambre

por no comer de la guerra,
lo que los amos dejaron

por egoísmo y envidias
en mitad de su camino.



Manolo Madrid
Del Poemario “Soplador de vientos”



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