
Vuelan los pardales, pequeñas avecillas que habitan nuestras calles, nuestras terrazas y tejados y yo, hay veces que pienso en como nos verán ellos a nosotros, quizá piensen que sus refugios, esas tejas levantadas o agujeros en terraza o fachadas, los hemos dejado para que sean su refugio, el lugar donde situar sus nidos. Quizá piensen en porqué nosotros, los humanos, nos metemos debajo, lejos de la libertad que ellos gozan.
Tejas y tejas
Tejas rojas, tejas pardas,
palomares de las casas,
bosques de extrañas formas
que de agujeros y trampas
aprovechan de refugios
los pardales y otras razas
que no encontraron morada;
aledaños de los suburbios
sin arboledas cubiertas
de hojas y de ramas
que sirvieran de nidales
a tantas familias menudas,
avecillas de las ciudades
que mendigan cobertura.
Tejas y tejas, alares,
bordes de los tejados,
extraños montes y prados,
de antenas y chimeneas
profusamente plantados,
donde los ríos escurren
en pozos y desagües
de canalones chapados,
de plástico y uralita,
algunos de cinc colado,
que cuando no ha llovido
contemplan los pajarillos,
viendo el cauce escurrido
donde el agua se ha secado.
Manolo Madrid
Del poemario “Preguntando el camino”
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