Duende

Duende
Era un soplo de aire,
eran pétalos de tiempo,
era el color de la tierra
que hubo pintado el cielo
y el resplandor de esos ojos
que alumbraban mi noche
como el brillo de un lucero.
Eran caricias de seda,
eran susurros etéreos,
era sombra estremecida
que llegaba en el silencio,
era esa imagen tan dulce
pintada de arco iris
caída de mi sueño.
Era un suspiro muy largo,
era el eterno perfume
que viaja con la brisa,
era el vibrar de las notas
que fluían de las cuerdas
del arpa que pulsaban
las manos de Artemisa.
Era el duende más grácil
que llegaba cada noche
cautivado por mis manos,
desgranando aquellos versos
que rimaban con su nombre,
tras los latidos de Cronos
que nacían a las doce.
Manolo Madrid
Del poemario “Preguntando el camino”
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