domingo, 4 de septiembre de 2011

Hechizo de aire

Suena la música y te dejas atrapar. Cierras tus ojos y dejas que las sombras inunden tu mundo. Así, unicamente el sonido de los instrumentos, el ritmo de las estrofas naciendo desde un pentagrama inunda tus sentidos. Nada hay más que la impoluta vibración, un cosmos lleno de vida, de escalas y contrapuntos, arpegios de seda y ríos de intangibles dedos que penetran en ti y pulsan escondidos resortes de tu mente y entonces desencadenan oleadas de placer, de alegría, de misticismo o de tristeza. Y todo ello sin colores, sin luz, sin que otros sentidos se vean inmersos en el milagro de una nueva vida, un paraiso que te sujeta para la eternidad.


Hechizo de aire

En la oscuridad nacía,

llegaba y te envolvía,

impalpable como el aire,

sin aromas que doliesen

ni colores que atrajeran,

tras las cerradas pestañas,

las pupilas escondidas.


En el silencio brotaba,
sutil, inerme y desvaída,

helada y candente,

sin roces de amantes

que despertasen seísmos

desde el fondo escondido

de tus otros sentidos.


Pero en tu aura prende,
vibrando inconsistente,

murmurando en tu oído

sonidos, silencios y notas

de arpegios nutridos;

la Música, ese duende,

te ha pegado su hechizo.



Manolo Madrid
Del poemario “Preguntando el camino”


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