viernes, 6 de febrero de 2026
YO
Yo he callado y sólo hice
Y soñé sobre la hierba,
lunes, 12 de enero de 2026
Barcelona, enero del 26
Es el
principio del año
y los niños ven regalos,
acaban de pasar los Reyes
y el asalto del americano,
seguro que Trump no sabe
que en un soportal de un barrio
ha muerto de frío un hombre
con un puñado de años,
él era un español nacido
en Barcelona, algún barrio,
tampoco era venezolano
y no tenía dinero
para dormir abrigado;
no ha sido primera plana
de ningún telediario,
pero la vida sigue,
la vida sigue pasando,
en esta noche nieva
y sopla el cierzo más blanco,
llevándose el recuerdo en rachas
de algún pobre desabrigado;
las noticias hablan, dicen
de carreteras heladas,
y de aeropuertos cerrados,
Europa se pinta de nieve
y a un pobre le tapa un sudario.
miércoles, 24 de diciembre de 2025
Ay, de setiembre
De
“Rumores del Duero”
Ay, de septiembre las tardes,
que se apagan lentamente
mientras se cubren los
parques
con las ropas arrugadas
que caen de los árboles,
para que jueguen con ellas
los niños y los pardales.
Y
cuan lentas las campanas
en las iglesias cercanas,
que giran tan presumidas
y voltean sus herrajes
rompiendo el cristal del
aire,
por gritar a golondrinas
camino de sus lugares.
O
las tardes de los tilos,
que campean en la plaza
mirando correr las nubes
que tan volubles pasean,
dibujando las figuras
que mis poemas escriben
y mis recuerdos consuelan.
Los
jardines del castillo,
con sus paseos callados,
con sus árboles de otoño
que con ocres y amarillo
sus ramas han revestido
y han alfombrado los suelos
suavizándome el camino.
Ay,
septiembres de Zamora,
cuando acarician las flores
para extraerle su aroma
y llevarlo sutilmente
entre placitas y calles,
donde pasean sin prisa
la gente que las anima.
Ay,
veranillos callados
que dejáis paso en silencio
a las tardes que se agotan
a las noches que se alargan,
a los cielos otoñados
y a las crecidas del río
que se llevan vuestras hojas.
Manolo Madrid
lunes, 22 de diciembre de 2025
Sonaron las voces roncas
De "Rumores del Duero"
Resonaron las voces roncas de
los bronces en la tarde,
notas oblongas ocuparon los
paseos en el parque,
colgando de cielos, farolas y
los nidos de las aves,
cual si fueran los brazos
largos y pesados de los sauces.
¿Porqué
gritaban las campanas?, indagó gota por gota
la fuente del estanque,
permitiendo por su caño añado
desbandadas de quisicosas que
escucharon los pardales,
que volaron subyugados para
consultar las verdades.
¡Corred,
avecillas, corred, en las avenidas del aire!,
y apresuradas volved antes de
que el anuncio se apague,
antes de que lleguen las
sombras y dejen roncos los chorros
que me mantienen despierta,
que de mis surtidores nacen.
¡Volad,
pequeñas, volad!, ora que aún existe la tarde,
para contarme de cierto por
que voltean los herrajes,
antes de que las luces que
despiertan amores fugaces
palidezcan la Luna que al
firmamento suscribe antes.
Después,
pasearon despacio, varias nubes presumidas
que regresaron desde oriente
para bañarse en el Sol
y teñir sus ropas de tonos
dorados, tenues, rosados,
que atasen ojos de
peregrinos, poetas y otros locos.
También
vinieron más tarde bandadas de agitados trinos,
para revelar a la fuente
desde ramas colindantes
gacetillas que habían traído
aprendidas en su vuelo
mensajeros de pardas plumas
con el lance entre sus picos.
¡Ya
sabemos lo sucedido!, manantial de quien bebemos,
que las campanadas sonaron
porque ha llegado uno nuevo,
un descendiente del pueblo y
es benjamín de un carpintero,
nos lo explicó una cigüeña
que tiene su nido en el cielo.
Manolo Madrid
jueves, 18 de diciembre de 2025
¡Ay, poeta!
De “Rumores del Duero”
¡Ay, poeta de las noches!
¡Ay, poeta de las tardes!,
trovador de las palabras, de
las estrofas rimadas
que campas por los pasillos
hasta que te llega el alba,
demandando aquella musa que
se ha marchado olvidada
dejándote el alma llena de
penas, llena de amores
que no pudiste plantar sobre
los versos de tus coplas
para dejar confesada la
historia de tus temores.
¡Ay
poeta que a la Luna desde un otero llamabas!,
pidiéndole que encontrase a
la señora de las rimas
para pedirle llorando que
viniera cada noche
al sonar las campanadas del
reloj de aquella torre,
aquella que nace enfrente de
la ventana enrejada,
aquella de la calleja tras de
la iglesia del pueblo
donde se asoma la niña que
dejaste enamorada.
¡Ay,
poeta, que reías; ay, trovador que llorabas!,
por las calles y las plazas
cerca de la madrugada,
en busca de tu memoria,
recordando tus palabras,
aquellas que dibujaban los
besos y los abrazos
que furtivo disfrutabas al
amparo de las rejas,
al olor de los geranios
nacidos en la ventana,
al sonar de los poemas que
enamorado cantabas.
Manolo Madrid
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Poeta del aire
De “Rumores del Duero”
En la esquina de los vientos,
donde vuelan las campanas
para que despierte el Duero,
levanta porte el castillo
erguido sobre las aguas
que verdean en la tarde,
reflejando las cigüeñas
que regresan a sus nidos
caminando con sus alas
sobre caminos de aíre.
En las almenas, sentado,
al contraluz de la torre
y al frescor de los jardines,
el poeta escribe versos
con la tinta de su sangre,
sobre amarillentas hojas
del otoño que llegó antes,
contando de tantas flores
sus aromas, sus amores
y el color de sus ropajes.
Después de acabar el día
y otros tantos que vinieron,
mirando llegar las nubes
que despiertan el invierno,
viendo desnudas las ramas
que del Sol le protegieron,
las palabras que nacieron
se quedaron en la tierra,
empapadas de la lluvia
que la sangre diluyeron.
¡Habla, poeta sin versos!,
dijo la Luna en el cielo
saliendo tras de la nube
que hubo mojado el poema
caído al húmedo suelo,
¿qué harás a partir de ahora
para escribir esas rimas
que cuentan de tantas flores
los colores que tenían
y sus congojas de amores?
¡Dime, poeta del tiempo!,
trinó volando una alondra
que ya llegaba muy tarde
para escapar de los fríos
que venían con el cierzo,
¿cómo dirás a los niños
esas frases y las trovas
para que aprendan despacio
las verdades que se esconden
en canciones y sonetos?
Pero el poeta del parque,
pintando flores de barro,
levantó tardo los ojos
para indagar en el cielo
y gritó viendo hacia el valle:
¡ya enseñaré a los pardales
las palabras de mis labios,
para que vuelen muy lejos
y las reciten con trinos
desde plazuelas y calles!
Manolo Madrid
Pajarillo viejo
De “Poemas y susurros”
Se
te marchó la vida, pajarillo viejo,
negros
crespones,
ojos
sin cielo;
y
mudos piares de tu duelo,
entre
inermes plumones, soplaron
minucias
de aire y briznas de viento
que
pudieran renacer tu cuerpo
y
resucitar tu vuelo;
ahora sufrirán un helor más recio
piares
devotos de tus polluelos,
hijos
que te esperaban, picos abiertos,
huérfanos
de nido que disfrazaste
entre
botones rosas
y
ramas con vida,
ramas
con espinas de la acacia
que
hace esquinero en la punta de mi casa,
cayendo
la primavera del cielo.
Y se te fue la risa, que era tu canto secreto,
las
confidencias que contabas,
alumbradas
en las noches del invierno
y
los reflejos de plata que la Luna rielaba
en
el alma del pozo, volando bien alta
paseando
vestida con nubes claras,
que
parecían de gasa y peineta de estrellas
y
luceros bañados en agua, lagrimones
que
brillaban de noche sobre la rúa del alma.
Manolo Madrid
martes, 16 de diciembre de 2025
En Recuerdo de Agustín
De Poemas y susurros
Recuerdo del poeta zamorano Agustín García Calvo
Quién no
fue a ver un poeta
entre
silencios que increpan
entre
vientos que acarician
y
pensamientos que vuelan;
quién no quiso a media tarde
esquivar fosas
abiertas
para no
indagar temores
y encontrar
las osamentas;
quién izó la vista al aire
para ver
correr las nubes
que
lloraban primaveras,
pintando
charcos de lluvia
en los
largos corredores
mientras
pájaros de barro
entre las
flores se esconden.
Y quién no escuchó las sombras
arañando
los senderos,
acariciando
los huertos
donde
fecundos crecían
pensadores
y poetas,
dejando
volar sus versos
en alas de
golondrinas,
entre
gritos de vencejos,
sembrándolos
desde el cielo
para que
nadie se olvide
de los trovadores
muertos.
Manolo Madrid
lunes, 15 de diciembre de 2025
Rasgos de agua
De “Rumores del Duero”
cuando las nubes lo tapan,
privándole de los brillos
que dan vida a la mañana;
después, pegado a mi orilla,
miro y remiro la niebla
que deriva en la corriente,
que nace desde las cañas
para ocultar lentamente
a campesinos que pasan
sujetando sus guadañas,
y nimios aventureros
pasajeros sobre ramas,
que en otro lugar lejano
cayeron por descuidados
al cauce de algún afluente,
alguno más que se vierte
al cauce del río grande
y al Duero de esta Castilla
ha regalado sus aguas,
para que fluya más ancho
y así llegar hasta Oporto,
un rumor de tantas leguas
que con los fados se acaba.
Manolo Madrid
sábado, 13 de diciembre de 2025
Son largas las horas
De “Rumores del Duero”
y aquellos mis pensamientos
que entre paredes divagan,
son pensamientos que pierdes,
ideas que se marchan
entre las grietas del éter,
del espacio que nos amasa
entre las horas de nada,
entre ojales sin forma y orificios
de aíre, burbujas indolentes,
son pensamientos naciendo
como larvas en la mente
como un reloj de segundos
y minutos que no descansan
de reflexiones inclementes
entre silencios volando,
como sosiegos de la mente
que se doblan y aletargan
aleteando entre vuelos,
caminando entre senderos
de los parajes del viento,
remolinos de Eolo y soplos
de abstracciones impacientes,
de gritos, chirridos, gemidos
que se escurren entre giros
de manecillas crueles.
Son vueltas previas de relojes
de suspiros para que sean ideas
y broten bruscas del saco,
del volcán de lava ardiente
donde se cuecen las dudas
que te invaden por las noches,
pensamientos en mesnadas
y soldados de otros mundos
de colores diferentes
y segundos aturullados, espesos
y calientes, segundos tan lentos
como las mudas de serpientes,
pensamientos brillantes
con escamas clavadas en pieles
o pensamientos oxidados e inertes
para romper días, para pensar noches
traicionando los sueños del durmiente
que no sabe del engaño de la vida,
sin saber la prisa de la muerte.







