miércoles, 4 de agosto de 2010

Poeta del aire

A veces, un ínfimo pedazo de papel, se hace tan indispensable como respirar y buscas desesperado en tus bolsillos, después tus ojos se separan de tu cuerpo buscando un bar de salvadoras servilletas de papel y por fin, tus manos, del suelo, toman el cuerpo yermo de una hoja amarilla donde poder, apresurado para que no se escape la musa, dejar la impronta de un trazo en tinta que mantenga viva la imagen que saltó de repente en tu espíritu.


Poeta del aire

En el recodo de los vientos,

donde vuelan las campanas

para que despierte el Duero,

levanta su porte el castillo

erguido sobre las aguas

que verdean en la tarde,

reflejando las cigüeñas

que regresan a sus nidos

caminando con sus alas

sobre caminos de aire.

En las almenas, sentado,

al contraluz de la torre

y al frescor de los jardines

escribe versos el poeta

con la tinta de su sangre,

sobre amarillentas hojas

del otoño que llegó antes,

contando de tantas flores

sus aromas, sus amores

y los colores de sus ropajes.

Después de terminar el día

y otros tantos que vinieron,

mirando llegar las nubes

que despiertan el invierno,

viendo desnudas las ramas

que del Sol le protegieron,

las palabras que nacieron

se quedaron en la tierra,

empapadas de la lluvia

que la sangre diluyeron.

Explica, poeta sin versos,

preguntó la Luna en el cielo

saliendo detrás de la nube

que había mojado el poema

escurrido en el húmedo suelo,

como harás desde ahora

para escribir esas rimas

que cuentan de tantas flores

los colores que tenían

y sus congojas de amores.

Dime, poeta del tiempo,

gorjeó volando una alondra

que ya llegaba muy tarde

para escapar de los fríos

que venían con el cierzo,

cómo dirás a los niños

esas frases y esas trovas

para que aprendan despacio

las verdades que se esconden

en canciones y en sonetos.

Pero el poeta del parque,

pintando flores de barro,

levantó despacio los ojos

para indagar en el cielo

y gritó mirando hacia el valle:

ya enseñaré a los pardales

las palabras de mis labios,

para que vuelen muy lejos

y las reciten con trinos

desde plazuelas y calles.

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