miércoles, 3 de agosto de 2011

Sueños oscuros




Esos que surgen a veces, llamados por alguna idea que ha permanecido en el fondo de tu memoria, algo subliminal, pero que aparece en el medio de la oscuridad y te hace revivir instantes fantásticos que sólo tú puedes interpretar.


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Sueños oscuros






Sostuve con entereza
los ojos de Cancerbero
y tres miradas rojizas
abrieron sobre mi cuerpo,
huesos despellejados
y un corazón maltrecho;
a mi rostro llegó enseguida
el viento que levantaban
las sierpes de su melena
y la extremidad de dragón
que agitaba con violencia,
marcando la cancela
del país que vigilaba,
tres cabezas de perro
fieras como la guerra,
que cincuenta parecían
vigilando el reino oscuro

donde se guardan los muertos
y se esconden los titanes
tras las portillas de fuego
y sobre el brillo del agua,
flotando he visto la barca
y la mano de Caronte,
el barquero que la guiaba
rebuscando, antes que nada,
bajo mi callada lengua
dedos de fría escarcha,
una moneda de plata
que nivelara su esfuerzo,
por atravesarme el lago
que del castillo de Hades
todavía me separaba.


Manolo Madrid
Del poemario “Está rompiendo el alba”


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miércoles, 4 de agosto de 2010

Poeta del aire

A veces, un ínfimo pedazo de papel, se hace tan indispensable como respirar y buscas desesperado en tus bolsillos, después tus ojos se separan de tu cuerpo buscando un bar de salvadoras servilletas de papel y por fin, tus manos, del suelo, toman el cuerpo yermo de una hoja amarilla donde poder, apresurado para que no se escape la musa, dejar la impronta de un trazo en tinta que mantenga viva la imagen que saltó de repente en tu espíritu.


Poeta del aire

En el recodo de los vientos,

donde vuelan las campanas

para que despierte el Duero,

levanta su porte el castillo

erguido sobre las aguas

que verdean en la tarde,

reflejando las cigüeñas

que regresan a sus nidos

caminando con sus alas

sobre caminos de aire.

En las almenas, sentado,

al contraluz de la torre

y al frescor de los jardines

escribe versos el poeta

con la tinta de su sangre,

sobre amarillentas hojas

del otoño que llegó antes,

contando de tantas flores

sus aromas, sus amores

y los colores de sus ropajes.

Después de terminar el día

y otros tantos que vinieron,

mirando llegar las nubes

que despiertan el invierno,

viendo desnudas las ramas

que del Sol le protegieron,

las palabras que nacieron

se quedaron en la tierra,

empapadas de la lluvia

que la sangre diluyeron.

Explica, poeta sin versos,

preguntó la Luna en el cielo

saliendo detrás de la nube

que había mojado el poema

escurrido en el húmedo suelo,

como harás desde ahora

para escribir esas rimas

que cuentan de tantas flores

los colores que tenían

y sus congojas de amores.

Dime, poeta del tiempo,

gorjeó volando una alondra

que ya llegaba muy tarde

para escapar de los fríos

que venían con el cierzo,

cómo dirás a los niños

esas frases y esas trovas

para que aprendan despacio

las verdades que se esconden

en canciones y en sonetos.

Pero el poeta del parque,

pintando flores de barro,

levantó despacio los ojos

para indagar en el cielo

y gritó mirando hacia el valle:

ya enseñaré a los pardales

las palabras de mis labios,

para que vuelen muy lejos

y las reciten con trinos

desde plazuelas y calles.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Por la puerta


Sutil y encantado, pareciome el castillo, uno que me dejó pasar la noche hasta que el albor levantó poco a poco el telón de las estrellas. Pero, para ese instante lleno de magia, yo, ya había bebido la noche tibia sentado en aquella almena, mirando el platear del río.



Por la puerta



Por la puerta, puerta, se sube al castillo,
entre rampas de piedra y escalones de frío,
enrevesados pasajes con las portillas cerradas
y muros deslustrados construidos con granito;
por la puerta, puerta, se llega al postigo,
con fantasmas y sombras de suspiros llenas
que de noche se aparecen con un escalofrío,
buscando a sus amas, buscando a sus dueñas,
que se hubieron perdido entre las cien callejas
que plagadas de trampas y tanto artificio,
les llenan de celos, cuando no han venido.
Por la puerta, puerta, se regresa del río,
donde el calor del verano engaña las mozas
para que lleguen al agua sin ningún vestido,
para que suban descalzas a respirar la noche
en las almenas más altas, donde mira la Luna
al señor de la torre que galán ha venido,
celosa del conde, que enamora doncellas,
que acaricia sus cuerpos sin poder impedirlo;
por la puerta, puerta, la traición ha subido,
peldaños de sangre que las nubes taparon
para dejar bien ocultas, manos del asesino.


Manolo Madrid (del poemario "Rumores del Duero")

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