domingo, 1 de agosto de 2010

Sueños en el Parnaso

Intrigantes sueños que afloran cada noche, como el agua cuando brota de los verdes y frescos prados. Musas y hadas te sustraen entonces y te llevan por paraísos de luz dorada y musgo de cristal donde tus pies se enredan sin querer abandonar mientras manos de seda te sujetan y labios de rosa te musitan al oído las canciones que nunca olvidarás. Luego, la vida te atrapa y te aleja, pero el sueño viene contigo para que no olvides el camino de vuelta y regreses cada noche con la ilusión nueva de encontrarte con ellas, tus musas.


Sueños en el Parnaso


Me levanté de un sueño
y anduve entre la espesura
esquivando afiladas zarzas
y las piedras más agudas,
caminando por vericuetos
que eran desconocidos
y subiendo por senderos
franqueados entre pinos;
traspasé ríos sin puentes
y charcos sin algún vado,
hasta que llegué impaciente
al centro de un suave prado
donde esperaba sonriente
la diosa de los poemas,
la de los versos de amores
que se llamaba Erato;
al verme me atrajo cerca
de las ramas de su árbol
donde me presentó coqueta
al resto de sus hermanas,
otras ocho que junto a ella
habitan en el Parnaso:
Calíope, Clío y Euterpe,
Melpóneme y Terpsícore,
también Polimnia y Urania,
además de la pequeña
que se llamaba Talia,
completándose con ella
el nombre tan complicado
de todas las nueve hermanas,
hijas de Zeus y Mnemosine,
la diosa de la memoria
a quien todos recordaban.

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