domingo, 2 de mayo de 2010

¿Dónde van?


Quizá, en ocasiones, amigo lector, te hayas planteado preguntas, cuestiones que nadie te pudo asegurar con respuestas demostrables, quizá pienses que haya otros océanos donde navegar libremente cuando haya acabado la vida y quízá con eso seas feliz. Pero, yo, me sigo haciendo la pregunta sin que me valgan las historias de relojeros ni otras pamemas. Ciertamente es más triste y puede que descorazonador, sin embargo, me encuentro ya muy lejos de aquellos ancestros que miraban al cielo con recelo, asustados por el disco brillante que daba luz a sus noches, el disco cambiante y trémulo de significados inconcretos, pero prefiero sentir la realidad y navegar ahora con mis poemas en mis infinitos mares sin horizontes curvados y afrontar la certeza del final demoledor y absoluto: ¡Qué alivio! ¿No?



¿DÓNDE VAN?

¿Dónde van los muertos, que nunca lo he sabido?,

que por más que pregunté a los cipreses centinelas

que por la noche velaban las lindes del camposanto,

que por mucho que hostigué a los luceros vigilando

y por más que rebuscaba por la queda en altozanos,

entre lechuzas y grillos buscando a resucitados,

nunca di con espectros que se escapasen de osarios

ni espíritus transparentes que apareciesen volando

mientras fiaban los huesos para teñirlos de blanco

con rumbo desconocido, camino de algún legado,

una heredad perdida en algún mundo extravagante,

donde el amo de las cosas allí quisiera hospedarlos.

¿Dónde van todas las almas sin adornos ni sudarios?,

que nunca me lo explicaron a pesar de preguntarlo,

sin que adivinarlo pudiese, ni acreditarlo tampoco,

que quiero hallar a mis deudos e irles preparando

para que pongan un sitio donde tenga buena vista

del camino ensortijado que remonta hasta lo alto

y mirar a los que llegan a llorar arrodillados,

para esperar con paciencia a camaradas y amigos

que me debieron largo y a otros más allegados,

a los que concedí el regalo de la vida que disfrutan

sin agradecer el tanto, pensando que era obligado

que al mundo les trajera sin pedirles nada a cambio.



Manolo Madrid

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