domingo, 2 de mayo de 2010

Madrugadas rotas

Son esas que se presentan insoslayables, inevitables, que te despiertan y te dejan mirando en el techo rancias imágenes, como si estuvieses dentro de una cámara fotográfica y la vida entrase por un resquicio de la ventana.

MADRUGADAS ROTAS


¿Qué aura vagaba en tus noches,

dejando prendidas las esquinas del alma

con húmedas páginas, regadas con sangre de tinta,

labradas y tejidas de tantos reproches?

Que, en la oscuridad,

herida por tus ojos buscando la calma,

saltasen brisas de tantos recuerdos, que tus manos

alejaban de tu substancia con grandes aspavientos,

a largas manotadas, queriendo apagar las penas,

ansiando romper congojas y desconsuelos

que arden en la madrugada.

Y los labios... los labios secos,

los labios que recitan oraciones de argonautas

sin saber donde se ocultan los olimpos de los dioses,

sin recordar cuales son los nombres de las hadas

que convierten en carrozas cortezas vacías,

para correr desesperadas

tras una Luna que vuela en pálidas y hueras pampas

de hierbas sedientas y agitadas,

de amores de la infancia que tanto perseguías

hasta que llegaba, ligera, la nueva amanecida.

Y más, y más, y más que van derritiendo las culpas

como dedos temblorosos que ansiaran la piel

de diosas de las palabras, de mujeres y ninfas hermosas,

reflejos que se pierden y te van dejando solo...

sin dolores que te mencionen.

Y en el silenciar de la estrella,

la que navega en tu cielo, aquella,

sin ningún descontento, miras la brasa de su pañuelo

que se agita en colores de iris en el cielo

para limpiar las gotas... que de tus pestañas rotas

en algún oasis hubieren caído al suelo.



Manolo Madrid



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