lunes, 9 de agosto de 2010

Nada es mucho

Ocasiones inciertas donde algo te surge desde el fondo y te hace sentir que no vales nada, que la vida te ha cerrado las puertas de las oportunidades. Momentos en los que sientes que es mejor terminar y dejarlo todo para que otros sigan el sendero que a ti se te vuelve áspero e infeliz, donde no crees que lo que haces día por día con ilusión le sirva a nadie y a nadie importe. Entonces, te sientes torpe, sin fuerzas, mediocre y rompes la cuartilla en la que dejabas tus notas y tus pensamientos, partes la pluma con la que escribías algo tan íntimo y que sientes que a nadie sirve ni interesa. Y la ventana te llama con su día radiante o con su tarde triste y apagada llena de lluvia. Pero a ti te da igual y caminas hacia un nuevo universo que desconoces pero que se te antoja mejor. Después abres la salida y te lanzas a volar hacia el nuevo destino, la nada.



Nada es mucho


Evadirse de tantos caminos de espinos y marañas

provocando oídos abiertos y sonrisas cerradas,

escribiendo su biografía en tan exiguas palabras,

soslayando otras virtudes en esquelas y epitafio

publicados en diarios y una lápida arrinconada,

para que descifren lectores y paseantes de tardes

donde llueven hojas de ocre entre rachas de aire

y silencios apagados con trinos fugaces, pardales

y mirlos que nacen por la mañana y no saben leer

letras de cincel, pero observan las ánimas florecer

en flores nuevas de manos incrédulas y rebeldes,

cada tarde más ajadas, cada visita más separada,

sin comprender la transición de poco por nada,

aunque nada es mucho si aún sientes en la nuca

que los ojos de alguien te acompañan, y sonrisas

de labios, uncidos como campánulas, te consuelan

de tantas penurias del alma, antes de que tus pasos

te acerquen taimados hasta alguna ingenua ventana.

Manolo Madrid

De mi poemario 'Está rompiendo el alba'

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