domingo, 17 de julio de 2011

Desde mi aquí







A mi amigo Julio, que nos dejó para volar, un vuelo de eternidad, una espera de paz para que en un tiempo sin determinar, un instante finito, podamos unir nuestra energía en el espacio que se expande sin fin. Y con mis ojos recordando aquel momento intenso donde te saludaron los alargados cipreses con su silencio, puse mi impronta sobre el pequeño papel de notas en que dejar constancia del sentimiento de un segundo universal.






Desde mi aquí



(A mi amigo Julio)



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Desde mi aquí, desde tu olvido,
desde este sendero en que vivir,
en mi nimia futilidad
te envío libertad, promesas,
larga eternidad de futuros
en este universo, feraz
de tantas palabras y páginas
donde hallarás más esperanza,
una vida nueva y nueva paz,
un fundamento en la memoria
de quien te ha sabido encontrar
y perpetuará, hasta el tiempo
que se expande infinito y global,
tu historia, aún sin terminar,
un tiempo para unir las vidas
y las palabras de cada cual,
un acto de astral energía
que como un infinito quásar
unirá en su intención a todos
los seres y conocimientos,
y vidas que permaneciste
que terminarán algún día
de unirse por siempre jamás.










Manolo Madrid










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miércoles, 18 de febrero de 2009

Una carcel de aire

Nunca me pude imaginar el horror de permanecer atado a un hilo de vida sustentado por la ingeniería médica y los trámites legales como le ha ocurrido Eluana Englaro, esta pobre mujer italiana. Y si pienso que podría haber tenido una sola neurona consciente de su propia identidad, mi horror se multiplica de manera exponencial. Pero yo, sólo soy un poeta y mis palabras llegan hasta mis dedos impulsadas por puro sentimiento. Así, ante la noticia de su definitiva muerte, los versos me brotaron sin querer:

DEJADME MI LIBERTAD

Dejadme marchar,
sin que algo me ate a la realidad
y dejad que mi espíritu vuele entre nubes blondas
donde reposar mis ideas locas
y refrescar la frente
al tiempo que frías se desvanecen,
cadenas y ligaduras
de historias negras y traiciones transparentes
que por tantas lunas mantuvieron mis alas rotas
y mis labios mordidos
de tantos versos de ira poseídos;
dejadme marchar
y soltad del puerto mis amarras
para que ningún gesto impida con su arpillera burda
que rompa con mi quilla, entre espumas limpias,
las olas eternas que murmuran y se doblegan
en reflejos verdes, crestas salpicadas
y fulgentes gaviotas,
avisando con blanda envidia
a los luceros que se mecen
para contemplar desde su noche mi vuelo de libertad;
dejadme marchar
y que mi aura se mezcle dulcemente
entre cuerdas de piano... y arpegios de alondra...
y voz de soprano, que con su alma ardiente
deshace cadenas, pactos oscuros y amores de cristal;
dejadme marchar...
dejadme que me lleve, libremente... mi libertad...

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