miércoles, 18 de febrero de 2009

Una carcel de aire

Nunca me pude imaginar el horror de permanecer atado a un hilo de vida sustentado por la ingeniería médica y los trámites legales como le ha ocurrido Eluana Englaro, esta pobre mujer italiana. Y si pienso que podría haber tenido una sola neurona consciente de su propia identidad, mi horror se multiplica de manera exponencial. Pero yo, sólo soy un poeta y mis palabras llegan hasta mis dedos impulsadas por puro sentimiento. Así, ante la noticia de su definitiva muerte, los versos me brotaron sin querer:

DEJADME MI LIBERTAD

Dejadme marchar,
sin que algo me ate a la realidad
y dejad que mi espíritu vuele entre nubes blondas
donde reposar mis ideas locas
y refrescar la frente
al tiempo que frías se desvanecen,
cadenas y ligaduras
de historias negras y traiciones transparentes
que por tantas lunas mantuvieron mis alas rotas
y mis labios mordidos
de tantos versos de ira poseídos;
dejadme marchar
y soltad del puerto mis amarras
para que ningún gesto impida con su arpillera burda
que rompa con mi quilla, entre espumas limpias,
las olas eternas que murmuran y se doblegan
en reflejos verdes, crestas salpicadas
y fulgentes gaviotas,
avisando con blanda envidia
a los luceros que se mecen
para contemplar desde su noche mi vuelo de libertad;
dejadme marchar
y que mi aura se mezcle dulcemente
entre cuerdas de piano... y arpegios de alondra...
y voz de soprano, que con su alma ardiente
deshace cadenas, pactos oscuros y amores de cristal;
dejadme marchar...
dejadme que me lleve, libremente... mi libertad...

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