viernes, 3 de octubre de 2025

 

De la ciudad

 

Y dejélos ir: tiempo, ojos, pensamientos

entre motores y tráfico de ciudad;

jadeos vivos de estructuras que palpitan

tenaces, sólidas, con rectilínea identidad.

Que no se dejaron abatir de ninguna noche,

ni en cualquier esquina emancipada de sol:

un oasis libre de clandestino reproche,

un atolón de la noche sembrado de ubicuas sillas

en las que podemos incrustar cimientos, estados

y poemas para contar personas y gorriones,

peatones y palomas, habitantes de aceras

y paseos cuadriculados e intrascendentes,

escrutando al frescor de la sombra, la vida ¿o… qué?

Quizá, una burbuja de soledad entre gentes,

un universo privado sin espacio sideral

donde puedas humedecer tu sonrisa con el frío

tintineo de témpanos cúbicos e inocentes

que navegan flotando en un tímido mar

constreñido entre paredes lisas y curvas de cristal,

llevado de tu mano temblorosa de sed

y olvidar el río de penurias y agostarse

bajo alguna sombrilla torneada y amiga.

Una palmera de reclamo y publicidad

con que poder esquivar la vida que se te aploma

y después, asediado por el humo y los aromas,

dejarte venir una sonrisa hasta la boca.

 

Manolo Madrid

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