sábado, 3 de noviembre de 2012

Agustín se nos fue

No tiene sentido que yo añada más palabras a lo que todos sus amigos, medios y familia han abundado sobre el poeta Agustín. Sólo puedo contar que mis sentimientos durante su entierro, multitudinario, me sustrajeron el alma y mi intimidad de poeta novel, de alumno del maestro y amigo, desembocaron en estos pocos versos, quizá sin gran maestría pero sí con gran corazón, cada vez que el sonido de la pala hendía el silencio de los asistentes.

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Despedida a Agustín

Rascaba la pala el suelo;
entre gemidos volaban
florecidos los claveles,
heridos del desconsuelo
y encarnados los suspiros,
dos besos en las mejillas
mientras miro los cinceles,
aquí queda Agustín, poeta,
García Calvo rezaban
por detrás sus apellidos;
se cierra la tarde en plomo
entre vanidades frías,
entre miradas noveles,
se cierra la tierra abierta
para que duerma un amigo
entre poemas rendidos
bajo la tierra fértil,
contando nubes sombrías;
y sin que sepamos como,
desde coronas de flores
se cantaba una saeta
con la voz enronquecida
que despierta corazones
de la multitud sentida;
hería la pala el suelo
desgranando las razones,
desgarrando algún lamento,
abriendo algún pañuelo,
cerrando las ilusiones
ahora elevas el vuelo.

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