Sonaron las voces roncas
De “Rumores del Duero”
Resonaron las voces roncas de
los bronces en la tarde,
notas oblongas ocuparon los
paseos en el parque,
colgando de cielos, farolas y
los nidos de las aves,
cual si fueran los brazos
largos y pesados de los sauces.
¿Porqué
gritaban las campanas?, indagó gota por gota
la fuente del estanque,
permitiendo por su caño añado
desbandadas de quisicosas que
escucharon los pardales,
que volaron subyugados para
consultar las verdades.
¡Corred,
avecillas, corred, en las avenidas del aire!,
y apresuradas volved antes de
que el anuncio se apague,
antes de que lleguen las
sombras y dejen roncos los chorros
que me mantienen despierta,
que de mis surtidores nacen.
¡Volad,
pequeñas, volad!, ora que aún existe la tarde,
para contarme de cierto por
que voltean los herrajes,
antes de que las luces que
despiertan amores fugaces
palidezcan la Luna que al
firmamento suscribe antes.
Después,
pasearon despacio, varias nubes presumidas
que regresaron desde oriente
para bañarse en el Sol
y teñir sus ropas de tonos
dorados, tenues, rosados,
que atasen ojos de
peregrinos, poetas y otros locos.
También
vinieron más tarde bandadas de agitados trinos,
para revelar a la fuente
desde ramas colindantes
gacetillas que habían traído
aprendidas en su vuelo
mensajeros de pardas plumas
con el lance entre sus picos.
¡Ya
sabemos lo sucedido!, manantial de quien bebemos,
que las campanadas sonaron
porque ha llegado uno nuevo,
un descendiente del pueblo y
es benjamín de un carpintero,
nos lo explicó una cigüeña
que tiene su nido en el cielo.



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