¡Ay, poeta!
De Rumores del Duero
¡Ay, poeta de las noches!
¡Ay, poeta de las tardes!,
trovador de las palabras, de
las estrofas rimadas
que campas por los pasillos
hasta que te llega el alba,
demandando aquella musa que
se ha marchado olvidada
dejándote el alma llena de
penas, llena de amores
que no pudiste plantar sobre
los versos de tus coplas
para dejar confesada la
historia de tus temores.
¡Ay
poeta que a la Luna desde un otero llamabas!,
pidiéndole que encontrase a
la señora de las rimas
para pedirle llorando que
viniera cada noche
al sonar las campanadas del
reloj de aquella torre,
aquella que nace enfrente de
la ventana enrejada,
aquella de la calleja tras de
la iglesia del pueblo
donde se asoma la niña que
dejaste enamorada.
¡Ay,
poeta, que reías; ay, trovador que llorabas!,
por las calles y las plazas
cerca de la madrugada,
en busca de tu memoria,
recordando tus palabras,
aquellas que dibujaban los
besos y los abrazos
que furtivo disfrutabas al
amparo de las rejas,
al olor de los geranios
nacidos en la ventana,
al sonar de los poemas que
enamorado cantabas.



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