Ay, de septiembre
De Rumores del Duero
Ay, de septiembre las tardes,
que se apagan lentamente
mientras se cubren los
parques
con las ropas arrugadas
que se despojan los árboles,
para que jueguen con ellas
los niños y los pardales.
Y
cuan lentas las campanas
en las iglesias cercanas,
que giran tan presumidas
y voltean sus herrajes
rompiendo el cristal del
aire,
por gritar a golondrinas
camino de sus lugares.
O
las tardes de los tilos,
que campean en la plaza
mirando correr las nubes
que tan volubles pasean,
dibujando las figuras
que mis poemas escriben
y mis recuerdos consuelan.
Los
jardines del castillo,
con sus paseos callados,
con sus árboles de otoño
que con ocres y amarillo
sus ramas han revestido
y han alfombrado los suelos
suavizándome el camino.
Ay,
septiembres de Zamora,
cuando acarician las flores
para extraerle su aroma
y llevarlo sutilmente
entre placitas y calles,
donde pasean sin prisa
la gente que las anima.
Ay,
veranillos callados
que dejáis paso en silencio
a las tardes que se agotan
a las noches que se alargan,
a los cielos otoñados
y a las crecidas del río
que se llevan vuestras hojas.



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